Un deseo lúdico de imitación

Un día se puso de moda “ser señora” y por ahí, me di cuenta que yo ya era una.

En el post pasado, hablaba que era una “adultish”, que no terminaba de crecer, ni de ser una persona tan adultamente responsable pero eso sí, tenía ya casi lo era, pequeñas nimiedades que me mantiene con un poco de Peter Pan, pero hay algo innegable, ya soy una señora, mis 35 años no me dejan mentir.

Pero no solo yo, de repente una generación evocó el serlo, en convertirse en una y no solamente eso, sino básicamente, convertirte en tu madre.

¿Mi teoría? Antes, nuestras mamás, abuelas, suegras, tías y demás, se casaban (mucho más jóvenes) y casi luego luego, tenían hijos y ahí inmediatamente perdían la juventud y se convertían en señoras, aprendían a cocinar, se sabían los secretos de las plantas, conocían todos los remedios, vaya Pinterest les tendría envidia con todos los hacks y DIY que todas nuestras señoras saben hacer. Pero oh, la juventud, si bien viene con la edad, también es un trampa. Te dicen que puedes hacer todo, que te puedes comer el mundo de un bocado, que viajes, eches fiesta, que te desveles hasta altas horas de la madrugada, que te cuides pero no tanto, ya vendrán los años para tener que hacerlo por ti. Pero nada le gana a la sabiduría, a la voz de la razón, a la misma vida vivida, a eso que ya casi nadie te puede venir a contar porque ya lo aprendiste y eso, está mejor.

Siempre he marchado al son de mi propio ritmo, he hecho las cosas al revés, a mis tiempos, unas completas y otras sin terminar para siempre, la madurez no me llegó sabiendo hacer arroz, ni sabiendo las bondades del vinagre para usos domésticos, sino haciendo lo que se me da la gana, no siempre he triunfado pero hoy por hoy te puedo decir: “hazme caso, ya me pasó…” Y es que nadie aprende en cabeza ajena porque sabes que tienes que vivirlo para llegar a ser señora.

Ser señora -o señor, porque también aplica en los hombres- es encontrar una manta de seguridad en todas las cosas que tu madre -o padre- hacían y los veías como estas personas grandiosas que saben tanto y que te faltaba demasiado para llegar ahí, es un forma de tejernos un hogar para nosotros mismos.

Justo en esta cuarentena -ya platicaremos de este tema- lavar los trastes se ha vuelto una cosa de todos los días porque odiamos ver la cocina tirada, encontrarte entre semana o el fin de semana haciendo el jardín, buscando quitarle hojas secas a las plantas, sacando piecitos de una para darle paso a otras para crecer, regar muy temprano o cuando baje el sol porque sino quemas el pasto, remendar botones u hoyitos que tiene tu ropa, querer ir al mercado el domingo a comprar fruta, verdura, queso y flores, son cosas que les aprendí a mis padres cuando ellos ya eran señores, y seguro me faltan muchas muchas más por hacer y aprender. Y sé que suena a básicos de supervivencia, pero no se crean se necesita talento para escoger aguacates.

Cuando me casé, tenía 28 años y cuando escuchaba que me decían “señora” me daba una punzada en la panza, como si se me estuviera escurriendo los años y obvio con cero skills para serlo, siempre contestaba: “Señora, mi suegra y mi mamá” y ahora, aunque todavía siento la edad que se me viene encima, me gusta poseerme como una mujer más completa. que sabe un poco más, y sobre todo lo que quiere y lo que no.

¿Ustedes? ¿Les llegó la señitud desde antes? ¿O todavía les cuelga mucho para eso? Cuéntenme como ha sido su proceso.

Mientras, les dejo fotos de cachitos de mi casa que me hacen sentir señora que cuida sus espacios y sus plantas.

Maceta forrada con tela de vestido fav.
El libro que leo a las 6 am que me despierto and in between hours con una bebida refrescante en mi jardín. ¿Qué tal este nivel desbloqueado de señora?
La nueva versión del trinchador gigantesco que tiene la abuela.
Mi cocina.

Besos de coneja.

Criaturas en Virtud

Desde que era niña me veía de adulta, me veía viviendo sola, ganando de mi dinero (mucho, obvio) llegando a mi depa luego de bailar por horas en el antro de moda, con un closet gigante y lo más importante: que nadie me dijera nada al respecto.

Tengo 35 y la adultez me está llegando un poco de sorpresa un poco con monotonía y ustedes dirán: ¡morra, 35 años, divorciada y ya vives y compartes gastos con tu novio, ya te tardaste! Y sí, la verdad es que esto de las responsabilidades que llegan con la edad no más no me termina de gustar y bueno, de gustarle a nadie, pero aún no sé como va del todo. Veo a varios amigos, casados, con hijos, mujeres que siempre supieron que quieran ser de grande, es más, lxs veía y decía: “es una señorcita” “es un señorcito” atrapado en el cuerpo de alguien de 20 y tantos (sí, ustedes también pensaron en alguien en particular), tiene todo su shit together, sabe a dónde va, tiene metas y seguro hasta hace sus citas con el doctor por sí mismo y no espera a que mamá las hago por él o ella.

Me casé a los 28 y fue un momento de mi vida donde por fin vivía fuera de casa de mis padres, ahora sí tenía mi casa y saben qué? ser ama de casa tampoco entraba en mi definición de ser adulta casada, no más no se me daba y tampoco ayudaba que estaba en una época de mi vida que no tenía ni idea de qué hacer, ni a qué quería dedicarme (acabábamos de cerrar el rabbit hole) y me sentía más perdida y desanimada que nunca.

Para mis 31 ya estaba divorciada y ahora sí vivía sola, las noches sabían diferente, los fines de semana eran una fiesta, las mañanas solitarias eran una bendición. Echaba fiesta hasta altas horas, trabajaba de maestra de kinder y a veces llegaba en vivo, empecé a pagar todo yo: la luz, el gas, el super, el transporte, ropa, alcohol, todo yo y gracias a mi madre no pagaba renta y ahí dije: aaaay weeeey, sí puedo.

Ahora que tengo 35 y vivo con mi pareja, 3 perros y 1 gata, las responsabilidades van creciendo aún más. Antes veía a mis papás que tenían que pagar algo que dejaba de funcionar en casa y cuando eso ya estaba arreglado, otro desperfecto salía y cuando ya todo en casa estaba bien, llegaba navidad y había que hacer chingos de gastos nuevamente y pensaba: que vergas, esto nunca se acaba y qué creen? es cierto.

Ser adulto es un sin fin de quehaceres día a día, ¿pesa? sí, mucho, ¿regresaría a ser niña? no, jamás. Hay un dejo de diversión en ser adulta y a veces hasta me siento aliviada, de pequeña no sabía qué era la ansiedad y solo me sentía diferente, con la edad he aprendido un chingo de cosas de mi misma, he ido tomando acción y responsabilidad en mi vida que no me había permitido antes por miedo a crecer (aunque no me importa la edad, los números no mienten).

Aunque aun soy muy irresponsable para varias cosas, siempre les cuento que en el refri solo hay 1 cebolla y en la alacena solo hay condimentos, no tengo seguro de vida, ni tarjetas de crédito y no me he desparacitado en años, he llegado a un lugar de mi vida que ya no solo imagino las cosas sino las hago y no solo salir de fiesta, tengo mi lista de lugares y cosas que quiero hacer y que sé que solo yo me lo puedo dar y me lo dará nadie más porque cuando eres adulta las cosas pueden ser realidad y no solo una fantasía de veinteañera. Una vez me dijeron: “Ser adulto es abusar de nuestro propio poder autodestructivo” y creo que básicamente eso resume el hecho de que tomar desiciones y hacernos responsables de ellas es, básicamente todo este pedo, ahí es donde siento que tal vez ser adulto ni siquiera viene con la edad.

¿Ustedes cómo van con ser adulto y todas esas cosas que dan miedo?

Pd. La foto que escogí para ilustrar este post, tiene mi jardín y a Chalupa, por qué a mi me dijo mi mamá: cuando seas grande y tengas tu casa puedes tener todos los perros que quieras y bueno… llevo 3 y una gata.

Besos de coneja.

3 lugares en Cholula para comelones

¡Conejitxs!

Este post recopila 3 lugares muy diferentes entre sí pero que todos curan cualquier mal de hambre con un regalo extra: son deliciosos.

La Choripanes

En un ambiente rústico, al aire libre, mesas de madera reciclada y una decoración con botellas de vino, flores y líneas de focos, da la sensación de un lugar sin pretensiones pero con mucho sabor.

La carta varía entre pepitos de arracheras, choripanes sencillos o choripanes especiales, empanadas con un chimichurri para acompañar que que delicia, obvio también tienen cerveza y vino para acompañar ese sabor argentino que caracterizan estos lugares.

No es caro, tiene un horario de lunes a sábado de 1 pm a 11 pm, está en Atzala, lo cual es muy conveniente porque suele ser una calle tranquila, con lugar para estacionar siempre.

La Aldaba

Para los que disfrutan de la comida española tipo casera pero definitivamente gourmet, seguramente conocen primera “La Aldaba” muy cerca del Parque España, pues ahora viene la nueva generación y llegó a Cholula para quedarse.

La atención es super amena, el mejor remix de una torta hecha con ingredientes de sabores españoles, el agua de tamarindo más fresca y una tarta de Santiago que se ve -porque no la he probado- deliciosa, forman parte de este lugarcito que te definitivamente sacian el hambre y el antojo.

La decoración se luce con las paredes blancas, detalles en madera y recuerdos de diferentes momentos adornan las paredes de nuestra nueva tortería favorita.

No son las tortas más baratas del condado, pero valen cada peso, eso sí. Frente a lo que era Casa Nueve, La Aldaba estoy segura que se posicionará como las favoritas de todos, aparte si vives o trabajas cerca, te hacen el paro de llevártelas.

Atracadero

Por último, pero no menos importante hacen su aparición los mariscos. Un fin de semana casi siempre lleva una buena dotación de camarones para nosotros, no hay como ir por unos, una chelita al lado y un lugar sabroso donde podamos estar a gusto crudeando y para nosotros es: El Atracadero.

Tal cuál así lo conocimos (gracias Fer), en el último sábado del 2018 mientras nos recuperábamos de una fiesta, con su promoción de tacos de camarón más chela, nos enamoró por completo. Ahora ya es de nuestros lugares favoritos para ir por un caldo de camarón o una torre de mariscos.

Así que si andabas por San Pedro Cholula y ya no aguantas más con el antojo, tienes que pasar por aquí y háganse un favor, pidan el arroz, se les va a caer la baba.

Ahora que ya los antojé, ¿a cuál van a ir primero? obvio me cuentan.

Besos de coneja.

Azul Quedito

¡Conejixts!

¿Una nueva recomendación? ¡Sí! ¿La comida es buena? Nee, no tanto ¿El lugar es chulo? ¡Chulísimo! ¿Entonces? Bueno pues no siempre caemos en lugares deliciosos, no siempre nos encanta lo que pedimos, obvio no somos los dioses de las gastronomía -por cierto, cuando hablo en plural es porque cuando salgo a comer, es con el Moy con quien compartimos el gusto la comida- pero apreciamos el buen comer.

En la 3 poniente de San Andrés Cholula, donde en un pedacito de calle que se está logrando posicionar con 3 o 4 propuestas de restaurantes, está Azul Quedito. Pasábamos y pasábamos y es de los lugares que dices “pasemos pronto, el próximo fin vamos, hay que venir a desayunar aquí” y pues sí, pasamos a desayunar y de entrada, felicidades porque es el lugar perfecto para un desayuno “cute” o brunch con las señoras, en familia o definitivamente con tu pareja.

El diseño del lugar no te queda nada a deber, todo el lugar está muy bien cuidado, es armonioso, tiene pequeños detalles en cada rincón que lo hacen cool sin dejarlo de hacer amigable. Agradezco que no tengan televisión, por cierto.

El servicio es excelente -excepto que nunca nos llevaron pan y a todas las mesas sí, es lo más estúpido pero cuando me di cuenta ya habíamos acabado y me quede con ganas de pancito mañanero- meseros y valet parking siempre te atienden con una sonrisa, son rápidos y muy serviciales.

Ahora, la comida… Pedimos unas enchiladas suizas -de ahí salió el debate de qué color deberían de ser en mi Instagram- que no estaban tan buenas pero tampoco malas, solo mmm “estaban”, también pedimos un plato de esos gringos –my gulty pleasure– con hot cakes, tocino y huevo y ahí sí, fue el plato de comida más triste que he visto en mi vida, el tocino frito en aceite sin sabor, el hot cakes más flat que una pared y el huevo ps, bueno era un huevo y por favor, aquí de cuates, no pongan esas mermeladas y mieles de empaque, los abarata, ¡no es un vips!. La otra decepción -aquí los amigos restauranteros y chefs y los no amigos, me dirán porque- es que te dicen: ¿Café? Sí por favor. ¿De máquina o de refill? De máquina por favor. Entiendo que un Nespresso es una maquina, pero mmm este.. pues… no “es de máquina” y aparte te lo cobran carítttsimo y ahí si no.

En general, esta recomendación no es una recomendación que sí es una recomendación. Les recomiendo que si van a tener un restaurante, todo sea integral. Hay lugares deliciosos, que no se ven tan chidos y puede que no te den ganas de quedarte horas -consumiendo-, hay lugares -como éste- que son súper cool pero la comida se queda a la mitad y otros que entienden que la comida es un ritual, es una actividad que levanta el espíritu, que es un momento de comunión y realizarla te lleva un momento placentero que te deja un sentimiento de bienestar.

Pero bueno, vayan ustedes, decidan y me cuentan, igual ese día llegamos muuuy temprano y en cocina aún estaban dormidos para lucirse con nuestro desayuno, no lo sé.

Pero ya saben, si van, me mandan mensaje y me chismean.

¡Besos de coneja!

¿Por qué soy MarianaConeja?

¡Conejitxs!

Este enero cumplí 34 años y fue otro año de reírme un chingo, llorar varias veces, desesperarme a lot a lot  y también muchos fucking proud moments. Y como cada año donde cada quien se llena una vez más de miles de experiencias e historias, hoy les quiero contar una en especial y que ha sido de la curiosidad de varixs:

¿Por qué soy o me dicen o me nombro como Mariana Coneja?

A long long time ago, en otra vida, tuve una pareja con el que empecé el proyecto de una cafetería dentro de un espacio artístico que en aquel entonces era conocido como “Don Apolonio” (antes La Perrera -otras personas, same artsy vibe- ahora Casa Nueve, aunque ahora ya tampoco es Casa Nueve -los cholultecas y poblanos sabrán de que hablo) donde tomábamos clases de dibujo por las tardes y conocimos personas que ahora son nuestros de amigos más cercanos -con todo y que nos los dividimos en el divorcio- en fin, salió la propuesta de poner una cafetería ahí y así la gente podía visitar la galería, tomar talleres y pasar a echar chisme y el café.

El concepto y el nombre ya lo tenía desde años atrás y no había tregua para cambiarlo: “The Rabbit Hole”.

Desde la primera vez que vi la película de Alicia en el País de las Maravillas quedé impresionada de la imaginación de alguien que pudiera describir lugares y personajes de tal manera, que unas letras llenas de locura tuvieran toda la lógica del mundo y aún así te tuvieras que tomar un momento para realmente comprenderlo. Pero el conejo -aparte de Alicia- siempre había sido el personaje que más me llamaba la atención porque fue gracias a él que se desata la curiosidad, el que te lleva a imaginar, es la locura que persigues porque estás segura de que existe y que no te lo estás inventando. Así que caer el hoyo del conejo era lo mejor que podría pasar, viajarías a un lugar que nunca habías visto pero que era exactamente como te lo habías imaginado.

Un febrero, un año chino del conejo y con la exposición de un gran artista y compa: “Conejo Muerto”, abrimos nuestro coffee shop y la gente fue llegando, ubicándonos como “los conejos” y así poco a poco fui convirtiéndome en CONEJA… “pregúntale a la coneja”, “no sé, la coneja sabe”, “cuando llegues pregunta por la coneja”.

La gente me empezó a llamarme así y poco a poco se fue construyendo un alter ego que se convirtió en una personalidad. Ya no solo era Mariana, ahora era Mariana Coneja. Y entonces empezó la colección de conejos, los souvernirs de amigos me traían pensando en mi como coneja, yo misma empece a buscar cosas que tuvieran conejos, llegaron los tatuajes de conejos también y los amigos nuevos que se toman la confianza de llamarme así.

Los conejos son tiernos, son cute, gracias a la cultura pop son sexys, son atrevidos y son traviesos y ahí encontré una buena definición de una personalidad que ya había nacido casi a partir de los demás y complementando por mi misma.

Amo este meme, por cierto.

Y esa, conejitxs es la historia de como me convertí en Mariana Coneja, como mi vida tiene un lugar mágico donde los conejos existen entre nosotros buscando y contrando easter eggs solo para darnos pistas de una matrix y sus errores…

By the way feel free de llamarme así si me ven, conocen o nos presentamos en algún momento.

¡Besos de coneja!

Risa de persona lista

¡Conejitxs!

Tengo una confesión que hacer: Nunca he durado más de un año en un trabajo.

There, I said it!

En momentos de instrospección -y ansiedad- me pongo a recapitular cada uno de ellos -cuál relación fracasada- pensando si fui yo la culpable de haber dejado aquel trabajo o fueron las circunstancias las que se acomodaron para que mi periodo laboral en cualquier lugar fuera solo de un año, más, menos.

Trabajo desde los 13 años. Un día mi papá me contó que de chavo había trabajado en la inmobiliario de mi abuelo y que era el mandadero, no se me hizo mala idea para que fuera mi primer trabajo en el verano del 98. De ahí pasé por todo, edecán, volantera en los cruceros, hostess en un restaurante, recepcionista, asesora de estilo en una tienda de ropa, vendedora de muebles, coffee shop owner, maestra de inglés, creadora de contenido, más todos los lil gigs que uno va juntando para completar los gastos y ahora Marketing Manager.

En todos estos, hubo de todo, gente extraordinaria con la cuál sigo compartiendo vida, jefes que huyeron sin pagar, jefes que ahora son amigos, jefes messed up, padres de familia dispuestos a culparte de todo, personajes que iban pasando y se convirtieron en compas, pero lo que más más, es que en cada uno y de cada uno aprendí muchas cosas.

No terminé de estudiar -lo saben-. Intenté estudiar Turismo por 3 semestres pero el ambiente universitario no es lo mío, siempre trabajé y me gustaba más ganar dinero que sentarme a estudiar, así que me desesperé de ir a escuchar cosas que ya sabía; después entré a estudiar Diseño de Moda, que desde niña había querido hacer pero también me desesperé y al primer semestre me salí -me di cuenta tarde que no quería aprender a hacer ropa, quería saber de ella como pasión y escribir al respecto, pero esa opción no había-. Todo el tiempo que traté de estudiar, seguía trabajando.

En septiembre del año pasado, trabajaba en una revista donde un día me dijeron: “gracias, ya no eres bienvenida”. PERO las cosas siempre pasan por algo, se los he dicho y ahí conocí a la que ahora es mi jefa, cuando ella con su agencia de marketing digital, y nosotros en la revista organizábamos todo el mes de contenido y como se distribuía en redes sociales y web.

Cuando a las dos nos mandaron al diablo, me habló y me dijo: Tengo algo que proponerte, nos fuimos a tomar un café y platicamos. Algo que tienen que saber es que no saben cuaaaantas veces me hablan amigos, conocidos, compas, etc, para ofrecerme algún proyecto porque “tengo potencial” pero ¿saben qué? nunca se concretan. ¿Saben esas idas y venidas de irse a tomar un café y platicar y pasan días, semanas y meses y que el proyecto siempre no se va a hacer o le hablaron a alguien más? Ufff! Me lo sé de memoria y está bien, no pasa nada, ese proyecto no era mi. Pero aquí fue diferente, aunque no tenía tan claro que iba hacer en la agencia, estaba segura que ahí tenía que estar.

Este septiembre hice primer aniversario en Monstruo Canela y Monstruo Canela este mes cumplió 5 años.

¿Ah que va todo esto? A que por primera vez pasé del año en un trabajo, consiente de todo lo que tengo que hacer y trabajar en mi misma y para la agencia. Y que muy emocionada festejé un año más con ellas.

La curiosidad no se aprende en la escuela y siempre me ha gustado aprender, así que por eso me eduqué yo misma, no lo sé todo, me falta mucho por aprender pero si quiero, ahí estoy, buscando, frustrándome, aprendiendo, dudando, googleando, preguntando y más. Siempre dije que no necesitaba una carrera para seguir alguien y me ha costado muuuuuchisisisisimo demostrarlo pero lo estoy haciendo. No demerito todo lo que alguien con la carrera de Mercadotecnia estudió y lo que le costó su título, pero tampoco demerito todo lo que he aprendido en la vida y que si ahora lo pongo en práctica y el puesto lleva ese nombre, lo llevo con orgullo.

Monstruo Canela y todas sus monstritas significan el mundo para mi, todos los días alguien me enseña algo nuevo, aprendo de todas, nos duele cuando algo no va bien y nos emociona cuando todo nos sale bien. Este trabajo me a enseñado a ser ordenada, a dejar de ser procrastinatora, a que la creatividad no llega sola, se trabaja, me ha retado, me ha costado, me ha cansado, me ha dado felicidad.

Amo mi trabajo pero los lunes sí me saben a lunes, los viernes a viernes y en los puentes pienso tanto en el trabajo que escribo sobre el, pero ¿saben qué? No lo cambiaría por nada. ¿Ustedes como van con sus trabajos?

Besos de coneja.

Título, fragmento de: “Modelos de mujer” por Almudena Grandes.

Mucha Parsimonia

¡Conejitxs!

Con este post solo quiero decir:

Tengan en su vida personas especiales y bonitas que les mande mensajes de: ¡Coneja, vamos por fotos al Carrusel de la feria!

Y también tengan a personas que cuando digas: ¿Vamos? te digan ¡Vamos!

Gracias a  por ser esta personita llena de vida, de una cosmo visión del mundo donde las fotos tienen otra luz, otra esencia y no siempre pertenecen a este mundo.

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Título de post: Fragmento del libro: “Modelos de mujer” de Almudena Grandes.