Exceso infinito

Conejitxs!

Antes de que acabe el mes “más romántico” quería escribir un post sobre vivir en pareja, estar enamorada, amar en equipo y turnarse para lavar los trastes.

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Hace mucho tiempo en otra vida, en otro momento, no entendía como funcionaba vivir en pareja, no nos cuadraba, intentábamos replicar lo que veíamos porque pensábamos que así era pero no más no jalaba. Después viví sola y para mi de fue lo mejor, podía fiestear toda la noche y dormir todo el día, dedicar un fin de semana a limpiar mi casa o a sólo ver películas acostada con mis perras, podía desaparecer del mundo sin dar explicaciones o salir todos los días y ser la más sociable. Mi soledad y mi espacio en mi casita era lo más preciado, pensaba: “¿Quién querría cambiar todo esto para casarse o tener una relación (otra vez)? Si llega alguien, quien llegue tiene que ser extraordinario como para compartir estos espacios tan míos.”

Y llegó… llegó alguien justo como lo quería. Y un día me dijo: “Vivamos juntos”

Teníamos como 8 meses saliendo, pero algo se sintió demasiado bien. Apenas hicimos un año viviendo juntos, lo notamos porque venció el contrato de la renta y había que renovar, me noté contenta por este logro… Sí, 365 días en la misma casa, con la misma persona y no, no quería deshacerme de él.

Vivir en pareja nunca había sido tan divertido, tan cómodo, tan de tanto amor, tan autentico. Compartimos el amor por el café, así que ese nunca debe de faltar, mezclamos nuestros libros en nuestro librero, juntos desciframos donde poner que cosa y juntos decidimos prioridades.

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Además tenemos unas reglas básicas y unos acuerdos tácitos que han hecho que esto de compartir espacios y tiempos sea una cosa muy llevadera.

1. “Vamos a seguirnos tratándonos como cuando éramos los invitados a dormir en la casa del otro.” Esto siempre nos hace intentar consentirnos, tratarnos (más) bonito, tener atenciones y evitar los famosos “te toca a ti” “yo lo hice la semana pasada” “pero tu no lo has hecho” porque lo hacemos para que el otro se sienta a gusto en casa.

2. Básicamente no hay roles. El que puede pagar la renta, el súper o la luz lo paga, el que pueda pagar la pizza del sábado en la noche, los mezcales saliendo de trabajar, la gasolina del coche o los cigarros, lo paga. Aquí no hay de yo gano más hago menos en casa o gano menos tengo que hacer más cosas en casa, NO, quien quiera lavar los trastes lo hace, quien vea los kilos de desechos de nuestros perros lo hace, quien tenga su desmadrito lo levanta, quien tenga hambre cocina.

3. Ceder o lo que yo llamo: Escoger tus batallas. ¿Vale la pena pelear por tonterías que pasan todos los días por los hábitos del otro? ¡NOOOO! Guárdate las energías como para cuando la discusión valga la pena. La peli que a el le gusta pero a ti no, no lo vale, que tiene un desmadre de ropa aventada, tampoco no lo vale…

4. Todas las discusiones (absolutamente todas) se pueden acabar con un beso y un “¿Nos vamos a la cama y seguimos hablando de esto?” Ahí mismo se acabó la diferencia de la que hablaban tanto.

5. Aceptarnos como somos. Que cagado suena, no? Súper fácil y todos lo pensaríamos, pero aceptarlo (no tolerarlo) exactamente como es y que el te acepte a ti! Sí, porque eso siempre nos olvida, nos quejamos del otro pero a veces nosotros mismos somos insoportables y hay alguien ahí al lado que está esperando en silencio a que se te baje tu pinche mal humor o ese mal hábito de poner el vaso sucio a un ladito del fregadero.

6. Fines de semana y dates: Nuestros fines de semana nos emocionan de más, es como si celebráramos nuestro aniversario cada sábado y domingo. Así tengamos todos los compromisos, nos tengamos que parar temprano, aunque tengamos que hacer labores en casa, con lo que sea y como sea, nadie nos quita nuestros fines de semana, así sea estar en cama, bebiendo cerveza tooodooo el día, comiendo papitas viendo netflix o saliendo a pasear toodooo el día, al centro de Puebla, al museo, por unos churros o el domingo de parque con los perros y sus hijos, son nuestras citas, son el momento de no hablar de trabajo, ni de preocupaciones, ni de nada, más que darnos mucho amor y volvernos a enamorar.

 

Vivir juntos es como vivir con ese mejor amigo (ya se que suena súper choteado decir eso, pero si) que te gusta un buen y te lo das y que aparte hasta sientes bonito verlo todos los días, nos morimos de risa juntos por tonterías, nos burlamos el uno del otro,  nos hacemos de cenar, bailamos en la sala, nos hacemos café todos los días, nos cachondeamos mientras andamos en casa y de lejos también, nos tomamos fotos (nudes, nos tomamos nudes), nos relatamos cosas penosas que hemos hecho o dicho, nos aconsejamos, nos regañamos porque a veces nos lo merecemos y obvio no todo es perfecto, muchas veces nos enojamos al punto de replantear todo, pero siempre las cosas buenas le ganarán a las malas y replanteamos nuestra forma de querer, de aceptarnos y entonces volvemos a ganar esa batalla.

Lo más importante: Somos dos entes que decidieron juntarse, no es mi media naranja, ni me acompleta, yo estaba completa desde antes y el también, ya venía hecho y derecho, nuestras formas de ser se llevaban bien, las que no, las evitamos cuando estamos juntos, lo que yo no sé, el me lo enseña y al revés. No lo necesito para acompañar soledades, ni me necesita para llenar necesidades, pero nos necesitamos porque nos caemos bien y juntos nos ayudamos a ser mejores.

Todo esto nos ha funcionado a nosotros para llevar la vida más placentera, no perder el tiempo en nimiedades cuando podríamos estar dándonos amor, y para seguir admirando las cosas que amamos del otro en vez de ir encontrarle más defectos porque no recogió la toalla saliéndose de bañar.

 

 

 

¿A ustedes cómo les va viviendo en pareja? ¿Siempre les fue fácil? ¿Se arrepienten o lo volverían hacer?

Cuéntenme, soy muy curiosa de saber como viven los demás sus hábitos conyugales.

Besos de coneja!

Título del post: “El universo que nos porta, no responde a ningún fin que la razón limite; si intentamos hacer que Dios responde de él lo único que hacemos es asociar de manera no razonable el exceso infinito, en cuya presencia se halla nuestra razón, con esa misma razón” El Erotismo, George Bataille.

 

 

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