Todo en el mundo comenzó con un sí.

Y a usted quién le dijo que yo necesitaba ser salvada?

Quién le dijo que no me gustaba o que me lastimaba estar rota? Me gusta estar rota, me gusta observar la luz que de entre mis rupturas se ven. En mis rupturas se encuentra mi belleza y la encuentro yo, no usted ni nadie mas.

Vivimos suponiendo que necesitamos una resurrección a partir del otro, una mortalidad a partir de la mano salvadora de alguien más,  un renacimiento a partir del pensamiento de alguien más.

Pero la colonización romántica hacia el otro es una imposición, es asumir que convenciendo al otro cuerpo de juntarse con el nuestro, crearemos nuevas estrellas y las nombraremos, convenciéndonos de necesitarnos para encontrar un lugar certero en el mundo.

Pero yo vivo a partir de ese polvo de estrellas, de basura en el espacio, a partir de mis resurgimientos y mis revoluciones personales.

No vinimos a salvar a nadie, ni siquiera a nosotros mismos, no vivamos inmóviles al borde del camino -como diría Benedetti- sin rincones tranquilos y juzgarnos sin tiempo, sin ir a la cama sin sueño.

Seamos caos infinitos.

No me llenare de paz ni de calma, no buscaré la redención en mí, ni en nadie mas por que no se vivir de otra manera, por que sigo buscando, esa paz vagabunda, por que sigo buscando intranquila donde no hacer raíces.

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Fotos por el fantástico Diego León.